jueves, julio 21, 2005



PENSADORES LIBERTARIOS - LUDWIG VON MISES

jueves, julio 14, 2005

¿Quién es Ludwig von Mises?

Breves reseñas de sus principales obras
Tomadas de Unión Editorial: http://www.unioneditorial.es/

Ludwig von Mises nació el 29 de septiembre de 1881 en la ciudad de Lemberg, perteneciente a la sazón al Imperio Austro-Húngaro. En Viena, en 1906, se doctoró en Derecho y Economía. Hasta 1914 fue uno de los más destacados participantes en el seminario de Economía que Eugen von Böhm-Bawerk mantenía en la Universidad de Viena. De 1920 a 1934 mantuvo su famoso seminario de economía en su despacho oficial de la Cámara de Comercio de Viena, en el que participaron ilustres economistas como Hayek, Machlup, Haberler, Morgenstern, Voegelin, y otros procedentes del Reino Unido y de Estados Unidos como Lionel Robbins, Hugh Gaitskell y Albert G. Hart. En 1934 fue nombrado profesor de Economía Internacional en el Institute Universitaire des Hautes Études Internacionales, de Ginebra. A comienzos de la Segunda Guerra Mundial, huyendo de Hitler, se trasladó a Estados Unidos, donde adquirió la nacionalidad norteamericana y fue nombrado profesor de la Universidad de Nueva York, puesto que desempeñó hasta su jubilación en 1969.
En Nueva York reanudó su famoso seminario, en el que participaron, entre otros, Murray N. Rothbard e Israel M. Kirzner. A pesar de la marginación de que fue objeto por las nuevas corrientes positivistas y por el rampante keynesianismo, su influencia fue enorme.
Ludwig von Mises, considerado como uno de los mayores economistas del siglo XX, es el principal representante de la tercera generación de la Escuela Austriaca de Economía, discípulo directo de Eugen von Böhm-Bawerk .

Es autor de obras fundamentales como:

LA ACCION HUMANA
En esta obra se expone, con admirable lógica y claridad, los principios y fundamentos esenciales de la ciencia económica, encuadrada en una teoría general de la acción humana o praxeología.
Sobre esta base, y siguiendo una metodología apriorístico-deductiva en la línea de la concepción subjetivista típica de la Escuela Austriaca, se analizan también las principales cuestiones de la Economía y de la Política Económica de nuestro tiempo.
El cálculo económico y monetario, el funcionamiento del mercado y la formación de los precios, el dinero, el interés y el crédito, los ciclos económicos, la crucial función del empresario y de los factores de producción, especialmente el capital y el trabajo, el papel del gobierno en la economía, el intervencionismo, la manipulación del dinero y el crédito, la fiscalidad, la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo, el sindicalismo, el corporativismo, la economía de guerra, así como el lugar que la Economía ocupa en el sistema de las ciencias y en la sociedad, etc., son los principales temas que conforman esta obra magistral, formidable construcción teórica realizada - en palabras del principal discípulo de Mises, el Premio Nobel Friedrich A. Hayek - por "uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo".

EL SOCIALISMO
Socialismo, escibe Friedrich A. Hayeck, constituye la aportación más decisiva de Ludwig Von Mises. Cuando apareció por primera vez en 1922 ”su impacto fue muy profundo. Alteró gradual, pero fundamentalmente, la perspectiva de toda una generación y desafió el pensamiento de muchos jóvenes idealistas". Con esta obra, ya clásica, Ludwig Von Mises, en palabras de Francoi Perroux, “ha aportado una contribución excepcional a la crítica del socialismo”.
Pero Socialismo es mucho más que una simple crítica al socialismo en sus diversas formas. Su ambición va mucho mas allá de demostrar que una sociedad construida al margen del mercado es inviable porque en ella es imposible el cálculo económico y, por consiguiente, la solición racional de los problemas económicos. Para poder fundamentar su crítica, Mises se adentra en los campos, no solo de economía, sino también de la sociología, la filosofía y la historia, haciendo gala de una prodigiosa información en al análisis de los problemas radicales como los de la propiedad, la producción y la distribución, la posición del individuo en la sociedad, la naturaleza de la contribución social, la estructura de la acción humana, la evolución histórica, la función de los intereses y los ideales, la relación entre socialismo e instituciones sociales, entre socialismo y ética, la relación histórica entre socialismo y fascismo, entre socialismo y liberalismo y varios más: toda una teoría de la sociedad, con plena vigencia en la actualidad, a pesar de ciertas apreciaciones coyunturales sobre el socialismo dominante en su tiempo y a pesar también de las transformaciones que el socialismo ha experimentado en los últimos cincuenta años y del abandono de muchos de sus dogmas.

SOBRE LIBERALISMO Y CAPITALISMO
Liberalismo y capitalismo son, para Ludwig von Mises, términos equivalentes desde el momento en que, para él, la economía de mercado, la propiedad privada de los medios de producción y el protagonismo de la iniciativa individual no conforman un mero sistema de organización de la economía, sino que definen todo un modelo de civilización, el único capaz de crear riqueza para todos y de elevar el nivel de vida de una población en constante aumento, posibilitando así el florecimiento de los valores del espíritu. Tal es la idea dominante de las tres obras que integran este volumen, ligadas por una profunda unidad temática y de estilo.
Se recogen en este volumen tres obras de Ludwig von Mises inspiradas por un mismo propósito: demostrar, en un estilo directo y fácilmente accesible, la superioridad del orden social basado en la iniciativa individual, la propiedad privada de los medios de producción, la empresa libre, en un marco de amplia división nacional e internacional del trabajo; en una palabra, en la filosofía liberal o, lo que para el autor es lo mismo, el capitalismo.
La primera de ellas, Liberalismo, fue publicada originariamente en alemán en 1927 por Gustav Fischer, de Jena, con el título de Liberalismus. En 1962, Van Nostrand, de Nueva York, publicó la primera edición inglesa, traducida por el Dr. Ralph Raico con el título The Free and Prosperous Commonwealth. La primera edición en español, con elegante traducción de Joaquín Reig, fue publicada por Unión Editorial en 1975, siguiendo una segunda edición en 1982.
La segunda obra aquí recogida es el famoso pamphlet que el Autor escribió en 1956 con el título The Anti-capitalistic Mentality (Van Nostrand, Nueva York) cuya primera edición en español, también traducida por Joaquín Reig bajo el título La mentalidad anticapitalista, fue publicada en 1957 por la Fundación Ignacio Villalonga. La primera edición en Unión Editorial es de 1983.
Completa el volumen una serie de «seis lecciones» que Mises impartió en Buenos Aires en 1959 y que fueron publicadas posteriormente, en 1979, en inglés, por Regnery con el título Economic Policy, y en 1981 en español, siempre en traducción de Joaquín Reig, por Unión Editorial en coedición con el Instituto de Economía de Mercado.
"El liberalismo de Mises le hizo entrar en una polémica ininterrumpida con el poderoso grupo de intelectuales marxistas de Viena, algunas de cuyas principales figuras habían sido compañeros suyos de clase... Además, las ideas de Mises eran inaceptables para el amplio grupo de liberales más tibios, en el que probablemente se encuadraba la mayor parte de los jóvenes intelectuales... todos los que no éramos marxistas pertenecimos al principio a este grupo, y sólo algunos de nosotros nos fuimos convirtiendo lenta y gradualmente a las ideas de Mises. " FRIEDRICH A. HAYEK Premio Nobel de Economía

AUTOBIOGRAFIA DE UN LIBERAL
"Estos jóvenes economistas [...] alimentan la esperanza de convertirse en una de la mayores fuerzas del mundo". Los "jóvenes economistas" a que se refería Einaudi eran los representantes del marginalismo austriaco, en particular Hayek, Machlup, Haberler, Strigl, etc., todos ello alumnos de Ludwig von Mises, uno de los pensadores más originales e influyentes de la Gran Viena.
Fue un diagnóstico certero. Quienes siguieron las doctrinas de estos "jóvenes economistas" y de sus maestros enriquecieron moral y materialmente a sus países. Por lo que a nosotros se refiere, es de la máxima urgencia aplicar las terapias "austriacas" para curar unos males que podrían ser fatales.
En esta autobiografía, escrita en 1940, pero que Mises no quiso que se publicara antes de su muerte (1973), Ludwig von Mises pone al descubierto las raíces anticapitalistas del nazismo y del comunismo. Mercado y Estado de derecho nacen, viven y mueren juntos. Y, si todo totalitarismo lleva ineluctablemente a la muerte del mercado y de la libertad, también el intervencionismo es un cáncer que progresivamente invade el cuerpo social y produce ineficacia, destrucción de los recursos nacionales, corrupción y negación de todo derecho.
Como acertadamente se dice en el Prólogo, en este libro "se reflejan todos los elementos de la tragedia que la humanidad estaba viviendo, así como la angustia y la amargura del hombre vencido, pero también el lúcido diagnóstico de la derrota y la convicción de que aún era posible un futuro para la libertad".

GOBIERNO OMNIPOTENTE
Este libro ofrece una lúcida y certera interpretación de algunos de los fenómenos que más profundamente han marcado la historia contemporánea. Los análisis históricos y sociológicos de la decadencia del liberalismo alemán, de la afirmación del pangermanismo y la parte que en ella tuvieron los intelectuales (profesores de historia, de derecho, de economía política y de filosofía), de las raíces del colectivismo y del nacionalsocialismo, y de un modo particular de las complicidades que el partido social-demócrata y otros partidos tuvieron en el afianzamiento del nazismo como fenómeno histórico, nos revelan una maestría insuperable que justifica la consideración de Ludwig von Mises, no sólo como "uno de los mayores pensadores de nuestro tiempo", en palabras de Hayek, sino también como uno de los mayores pensadores sobre nuestro tiempo.
Se destruyen los mitos, difundidos por la propaganda marxista, de la radical diferencia entre comunismo y nazismo y del origen capitalista de este último, que -no hay que olvidarlo - es ante todo un socialismo nacionalista. El hecho de que ambos regímenes lucharan entre sí violentamente sólo prueba que ambos aspiraban al poder.
En el fondo hay una idéntica glorificación del Estado, hecho que no se limita a estos dos sistemas. Como dice Mises, "el acontecimiento más importante en la historia de los últimos cien años es la sustitución del liberalismo por el estatismo, que se manifiesta bajo las formas de socialismo e intervencionismo, y ambos tienen en común el fin de subordinar incondicionalmente el individuo al Estado".
La espectacular caída tanto del nazismo (que Mises presenció) como del comunismo (que -estaba seguro- no tardaría en producirse) no debe hacernos ignorar el hecho de que el desaforado intervencionismo lo practican todos los gobiernos actuales. Las democracias occidentales han conseguido liberarse de algunas formas patológicas de socialismo y de nacionalismo, pero siguen atrapadas en los mismos postulados de la idolatría estatal.

CRITICA DEL INTERVENCIONISMO
Este volumen reúne los ensayos que, a partir de los años veinte, publicó Ludwig von Mises sobre el fracaso del Estado intervencionista. A ellos se añade un manuscrito sobre el mismo tema, escrito por el Autor al poco de su llegada a Estados Unidos, e inédito hasta hace poco.
La tesis central de estos ensayos es que no existe una "tercera solución", una "tercera vía", a medio camino entre capitalismo y socialismo, entre un sistema basado en la propiedad privada de los medios de producción y la propiedad pública. Tema, sin duda, de palpitante actualidad ahora que algunos políticos paracen haber descubierto en esa tercera vía la "nueva" y definitiva solución para todos los problemas de la vida social.
Mises no niega, desde luego, que el intervencionismo sea posible. Los hechos demuestran, más bien, que ese es el sistema dominante en la actualidad, tanto por la izquierda como por la derecha o por el centro. "Hoy -dice el Autor-, salvo raras excepciones, casi todos los que hablan o escriben de cuestiones de política económica son partidarios del intervencionismo." Y También: "Quien observa las cosas sin prejuicios tiene la impresión de que el intervencionismo prosigue su marcha imparable", incluso en aquellos países que se declaran adalides del libre mercado.
El fallo de fondo del intervencionismo, ya se aplique a la producción o a los precios, es, según el Autor, su incapacidad para conseguir los objetivos que la autoridad se propone con su intervención. Esta, si bien puede obtener ciertos resultados inmediatos, produce efectos negativos no previstos ni deseados cuya corrección exige nuevas y nuevas intervenciones, y así en un proceso cuya dialéctica sólo termina en un sistema de completa propiedad pública. La intervención, creciente por su propia naturaleza, alardea de los resultados de un "Estado de bienestar", presentado como la gran conquista de nuestro tiempo. Ahora bien, en el balance final habría que tener también en cuenta lo que el intervencionismo tiene de mala asignación de recursos,de costes en términos de eficacia, de impedimento a la expansión del conocimiento, de bloqueo de la innovación, de sacrificio de las libertades individuales, de riqueza y "bienestar" que, por todo ello, ha dejado de producirse. Y también sus profundas y, a lo que parece, inevitales conexiones con la corrupción, con sus secuelas de clientelismo y perversión de la democracia: algo que la experiencia contemporánea parece confirmar de manera generalizada y contundente y que von Mises describió y denunció hace más de setenta años con sorprendente clarividencia.

TEORIA DEL DINERO Y DEL CREDITO
Este clásico de la teoría monetaria está dedicado al estudio del dinero y de los medios fiduciarios como instrumentos del crédito, y es una original aplicación a este campo específico de los principios del subjetivismo metodológico característico de la Escuela Austriaca de Economía, de la que, por lo demás, Mises es uno de los más destacados representantes. Por sus finos análisis, su profunda originalidad y las sugestivas perspectivas que abre en el campo de la teoría monetaria, con razón ha podido afirmar Murray N. Rothbard, discípulo de Mises y profundo conocedor de su pensamiento, que La Teoría del Dinero y del Crédito es, sencillamente, una de las aportaciones más importantes al pensamiento económico en el siglo veinte. Lord Robbins, por su parte, promotor y prologuista de la primera edición inglesa, confiesa: Conozco pocas obras que transmitan una impresión más profunda de la unidad lógica y de la fuerza del análisis económico moderno.

lunes, junio 20, 2005

Libertarianismo: Una filosofía para el siglo XXI de Porfirio Cristaldo Ayala

La novedad más importante de los años 90 fue la vuelta del Libertarianismo. Esta filosofía política dista mucho de ser una reliquia del pasado, pese a que sus raíces se pierden en el tiempo, pues ya aparece en la Biblia en el Primer Libro de Samuel, en Lao-Tzu (600BC) y en la tradición Judeo - Cristiana. Su mejor ejemplo actual es la red Internet, un extenso orden espontáneo de cooperación social, libre de injerencia estatal. De hecho, los principios libertarios de la libertad individual, supremacía de la ley, gobierno limitado y progreso económico están especialmente preparados para el mundo globalizado, dinámico y de acelerados cambios tecnológicos del tercer milenio.

En la actualidad el pensamiento libertario causa furor entre millones de jóvenes hartos de la política, autoridad, impuestos y estatismo. Para el Libertarianismo cada persona es dueña de sí misma, su vida le pertenece, y no debe responder por ella a ninguna autoridad. Estos principios se remontan a la vieja tradición del derecho natural a la vida, la libertad y la propiedad de los liberales clásicos J. Locke, D. Hume, T. Paine, A. Smith, F. Bastiat, T. Jefferson, Tocqueville, B. Constant, J.S. Mill, H. Spencer y otros, para quiénes los gobiernos existen solo para proteger la libertad y los bienes de las personas.

El hombre, por el hecho de ser hombre, es dueño de sí mismo, libre de decidir su propio proyecto de vida. La propiedad de uno mismo, principio fundamental de la libertad, es un derecho inviolable, anterior al estado. Violan ese derecho los que agreden o utilizan la fuerza contra el individuo, sin que este lo haya iniciado, como en casos de asesinato, violación, robo, secuestro, fraude, estafa, etc. También lo violan los gobiernos censurando a la prensa, obligando a la conscripción militar, redistribuyendo la propiedad, y restringiendo la vida personal y económica de las personas.

En su "Libertarianism", David Boaz asegura que la idea de que cada uno tiene derecho a elegir cómo vivir su propia vida respetando el igual derecho de los demás, que todas las relaciones humanas deben ser voluntarias y que nadie debe causar daño a otros, constituye un código de ética en el que cree la mayoría de las personas y de acuerdo al cual tratan de vivir.

El Libertarianismo no es una ideología o un catecismo. No tiene una agenda para el futuro. No pretende saber lo que es bueno para la humanidad. Le caracteriza el pragmatismo, la desconfianza por el poder y el escepticismo hacia los dogmas. Sostiene que la persona debe hacer lo que desea, siempre que no perjudique a los demás. No trata de dirigir la vida de nadie, confía en la habilidad de la gente común de tomar decisiones racionales sobre sus vidas. No ofrece una utopía, un mundo ideal o una sociedad perfecta, pues cree, como Karl Popper, que todo intento de crear el paraíso en la tierra termina siempre en un infierno. Ofrece en cambio un "marco para la utopía", una sociedad libre en la cual se puedan diseñar comunidades de acuerdo a miles de versiones diferentes de utopía, según Robert Nozick.

El mundo ha visto el fracaso del estatismo en todas sus formas. Al colapso del socialismo le sigue ahora aunque de modo más gradual el derrumbe de los estados sociales, intervencionistas, paternalistas e ineficientes. Por la concentración del poder, el estatismo inexorablemente corrompe a los gobernantes, como advertía Lord Acton. Destruye los incentivos y el interés de las personas por ahorrar y mejorar la eficiencia productiva y, al interferir con los precios, salarios y mercados, dificulta el cálculo económico, complicando la correcta asignación de recursos en una economía.

En el pensamiento libertario, el valor más importante es la libertad, no la democracia. Por eso protege la sociedad civil, que es voluntaria, en oposición a la sociedad política, que es coercitiva, y promueve las soluciones de mercado, que son libres, en oposición al intervencionismo, que es obligatorio.

Pero Libertarianismo no es libertinaje, o que cada cual haga lo que le viene en gana. Es libertad bajo el imperio de la ley, es respetar el igual derecho de los demás, es vivir en paz, con gobiernos limitados, y mercados libres y abiertos. Es dejar de ser víctimas de tiranos, iluminados y parásitos.

Entre sus cultores contemporáneos se cuentan a Hayek, Mises, M. Friedman, Ayn Rand, H. Hazlitt, J. Buchanan, De Jouvenel, M. Rothbard, M. Vargas Llosa, D. Bandow, C. Murray y muchos otros. Estos no son de izquierda ni derecha, sino que creen firmemente en la libertad individual y el gobierno limitado. El Libertarianismo es mucho más amplio que cualquier partido político.

El siglo XX ha sido del poder estatal, de los Hitler, Stalin, Castro; del dominio que surge del fusil. Con el Libertarianismo y un poco de suerte, el siglo XXI será el siglo del hombre libre.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
http://www.libertario.org.py/
El latente camino de la servidumbre
de Víctor Pavón

Desde la antigüedad los brujos o reyes y, posteriormente los caudillos y las burocracias parasitarias, a lo único que se dedicaron es a matar, robar y empobrecer a sus pueblos.

Afortunadamente las personas se percataron que la libertad individual es el mejor modo de conseguir la felicidad personal y, a la vez, la mejor manera de lograr la vigencia de la ley y alcanzar un mejor nivel de vida: hoy se puede decir que el siglo XXl será el de la libertad.

Esta visión optimista de los libertarios nunca estuvo exenta de duras pruebas como tampoco lo estará en el futuro. Los derechos individuales seguirán en peligro mientras se crea que las leyes pueden ser aprobadas en menoscabo de la vida, la propiedad y la libertad o cuando se privilegia al estado sobre la sociedad civil.

El camino de la servidumbre, tal como denominara Friedrich von Hayek a su best seller, estará latente allí donde los derechos individuales estén en acecho. Fue por esta razón que Hayek denunció con tanta pasión al colectivismo -término que aglutina al comunismo, nazismo, socialismo- porque sabía que acarrearía terror y miseria.

En la actualidad el colectivismo no ha perdido vigencia. Se manifiesta a través de la socialdemocracia o el "progresismo", cuyos actores, como ocurre en el Paraguay, consideran al estado como su fortaleza feudal y a los ciudadanos como sus ciervos de la gleba.

La idea de que la sociedad puede ser dirigida de acuerdo a leyes y reglamentos es, desde luego, un viejo sueño de los constructivistas, de los ingenieros sociales, a los que también criticó Hayek especialmente en "La fatal arrogancia", su último libro.

Pese a que el constructivismo se remonta en el tiempo, fue con la triunfante Revolución Francesa de 1789 que alcanzó su apogeo. Los revolucionarios franceses terminaron siendo tan déspotas como sus antiguos verdugos. Si bien rompieron con la teoría del "derecho divino", se dedicaron a dictaminar la vida de la gente según los intereses del "nuevo estado".

En lugar de que la sociedad se hiciera de acuerdo al principio del orden espontáneo -ensayo y error, diría Karl Popper- la toma de la Bastilla no solo acabó con el "antiguo régimen" sino que también terminó en un baño de sangre. Había que rectificar a la sociedad, decían. Nacía entonces un nuevo modelo de gobierno: la democracia ilimitada.

Desde entonces se creyó que simples pero engorrosas resoluciones dictadas por los Parlamentos son leyes y, que a una mayoría le está permitida definir los límites de la libertad y la propiedad, todo de acuerdo a las "circunstancias históricas" de cada país. No en vano, James Madison alertaba durante los primeros años de la Independencia Norteamericana de 1776 que "da igual un rey que cien parlamentarios legislando para sus propios intereses".

En la actualidad se sigue pregonando por la democracia ilimitada a las mayorías ocasionales y de que es posible sancionar leyes en detrimento de la los derechos individuales.

El constructivismo -esa idea de que es posible dirigir la sociedad de acuerdo a los deseos y caprichos de unos cuantos- es el mayor peligro para la libertad o lo que es lo mismo, el latente camino de la servidumbre.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
http://www.libertario.org.py/
Los libertarios y la tolerancia
de Porfirio Cristaldo Ayala

Los socialistas a menudo acusan a los libertarios de un supuesto fanatismo, materialismo o dogmatismo, con el fin de estigmatizarlos. Pero se equivocan. Los libertarios no son fanáticos. Y no podrían serlo, pues, a diferencia de los socialistas y progresistas, no tienen la soberbia de concebir un plan para salvar a la humanidad o para crear "el hombre nuevo". No creen saber lo que es mejor para todos. Tienen sí la firme convicción de que las personas son dueñas de sí mismas y que deben elegir cómo vivir sus vidas, siempre que no causen daño a otras personas.

Los libertarios son esencialmente tolerantes. La defensa de la libertad exige, desde luego, respetar las ideas opuestas y las diferencias entre las personas, y considerarlas iguales en dignidad y en derechos. El ignorante tiene igual derecho que el sabio a decidir cómo vivir su propia vida. Los progresistas, en cambio, defienden la supremacía de las elites y clases gobernantes.

El hombre en la idea libertaria es un fin en sí mismo. No es un medio para fines ajenos. Los derechos no se disfrutan a costa de otros. Así, nuestra libertad de expresión no obliga a nadie a cedernos un espacio en la prensa. El derecho a la tierra no significa que podamos exigir al gobierno una parcela de tierra, sino que nadie puede impedirnos adquirir y trabajar nuestra tierra. Los derechos positivos o gratuitos a la vivienda, salud, educación, trabajo, etc., son mentiras del estatismo. Para otorgar a unas personas esos derechos, el Estado debe despojar a otras personas del fruto de su trabajo, porque nada es gratis. Y nadie tiene derecho sobre un bien que le pertenece a otro.

El derecho fundamental del hombre es el derecho a decidir qué hacer con su propia vida, respetando el igual derecho de los demás. Este derecho es inseparable del deber de ser responsable de sus actos. Libertad y responsabilidad son las dos caras de una misma moneda. La responsabilidad debe guiarse en la ética y la moral, de lo contrario la libertad se destruye en libertinaje. La moral del libertarianismo se sustenta en la ausencia de agresión, en nunca hacer daño al semejante. Nadie tiene derecho a iniciar el uso de la fuerza contra otra persona. El pacifismo es la base de su filosofía. El uso de la fuerza se justifica únicamente para defenderse de la agresión. La libertad desde luego significa ausencia de coerción.

¿Cómo podrían ser fanáticos los que propugnan la no-violencia?

Por el mismo principio moral de la no-agresión, el Estado tampoco puede usar la fuerza en contra de una persona que no ha agredido a otros o cometido un fraude. Lo que no pueden hacer las personas, no pueden hacer los gobiernos, porque son las personas las que le delegan su poder. El monopolio de la fuerza por los gobiernos tiene como único propósito proteger a las personas y sus bienes de los criminales.

Los progresistas critican la rigurosidad de los libertarios porque confunden coherencia de principios con dogmatismo. El libertario considera que el hombre debe actuar racionalmente porque no tiene otra arma que la razón para sobrevivir y progresar. Y la racionalidad se opone al pragmatismo o relativismo en política y a las ideas contradictorias, como la "justicia social". La justicia es una sola. Es dar a cada uno lo suyo. En cambio, la justicia social o igualdad de bienes se puede lograr sólo despojando a unos para repartirlo a otros. Esto desvirtúa el concepto de justicia y lo convierte en injusticia. Y en la práctica resulta que se saca a los pobres para dar a los ricos.

A los gobiernos se les debe asignar únicamente las funciones que requieran del uso de la fuerza, porque nada hacen sin la coerción. Hasta el dinero que financia sus actividades (impuestos) lo consiguen por la fuerza. Algunos no entienden que propugnar una ley para solucionar un problema, incluso para proteger a la niñez o apoyar al arte, implica recurrir a la fuerza. La política sólo actúa en el ámbito de la fuerza.

En una sociedad libre las personas pueden vivir y trabajar como gustan siempre que no agredan a nadie. Violar la libertad de una persona y despojarle de su propiedad es la misma cosa, pues el hombre es libre únicamente cuando es dueño de su vida y puede disponer del fruto de su trabajo. Y ello es posible tan sólo en una economía libre, basada en la cooperación voluntaria y pacífica entre las personas.

El liberalismo no es contrario a la solidaridad, porque sólo el hombre libre puede ser íntegro, solidario y caritativo. Es opuesto sí al fanatismo y dogmatismo. No en balde es considerado "el grito más noble que se ha escuchado en el planeta".

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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Libros sobre el pensamiento libertario
Para un estudio más completo del pensamiento libertario le recomendamos las siguientes obras:

"Libertarianism: A Primer" de David Boaz;
"Libertarianism in One Lesson" de David Bergland;
"What It Means to Be a Libertarian" de Charles Murray;
"Capitalism and Freedom" de Milton Friedman;
"Anarchy, State and Utopia" de Robert Nozick;
"On Liberty" de J. S. Mill;
"The Road to Serfdom" y "The Constitution of Liberty" de Friedrich Hayek; "Human Action" y "Socialism" de Ludwig von Mises;
"Atlas Shrugged" de Ayn Rand;
"Man, Economy and State" y "For a New Liberty" de Murray N. Rothbard;
"The Law" de F. Bastiat;
"The Machinery of Freedom" de David Friedman.
Vea estos libros y muchos más en Laissez Faire Books en: http://laissezfaire.org/

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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La armonía natural de intereses
Los libertarios sostienen que el orden espontáneo de los mercados se desarrolla en el marco de una armonía natural de intereses, que beneficia a todas las personas trabajadoras y honestas de la sociedad. Esta armonía de intereses significa que la economía de libre mercado opera, no como un juego de suma cero, en el que una parte gana lo que la otra parte pierde, sino como un juego de suma positiva , en el que siempre se benefician ambas partes. Esto es así en todo intercambio voluntario, pues de lo contrario, no habría intercambio.

El teorema de la mano invisible del libertario Adam Smith (1776), padre de la economía moderna, explica cómo las personas que actúan en el mercado buscando su propio interés, terminan favoreciendo el interés general de la comunidad, de un modo mucho más eficaz que si se propusieran hacerlo, sin necesidad alguna del control o la regulación estatal.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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El orden espontáneo
El intervencionismo estatal surge de un error común del estatismo que considera que el complejo orden existente en una sociedad moderna, resulta del funcionamiento adecuado de una autoridad de regulación, control y planificación central, sustentada en el gobierno. Nada más lejos de la realidad.

Los economistas libertarios han descubierto las economías se basan sobre un orden espontáneo que surge de modo natural e inexorable en los mercados libres, como resultado de la acción de millones personas que intercambian y cooperan voluntaria y pacíficamente unas con otras, coordinando sus acciones e intereses sobre la base de los precios, como un complejo y sofisticado mecanismo de información social.

Otros ejemplos de orden espontáneo que surgen en las sociedades sin la intervención del gobierno o de una autoridad central, son el lenguaje, la ley, el dinero, la familia, los mercados y las múltiples organizaciones de la sociedad civil.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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Las libertades económicas
En el campo económico los libertarios propugnan la expansión de las libertades económicas, y el respeto irrestricto a los derechos de propiedad. La economía de mercado es el sistema económico de una sociedad libre.

La libertad de producir, trabajar, comprar, vender, contratar, transportar y competir, cuando son respetadas, promueven el rápido crecimiento y el desarrollo de los pueblos, con el consecuente fortalecimiento del estado de derecho y la democracia.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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La confianza en la libertad y en las personas
Los libertarios, en cambio, confían en las personas, en la libertad, en la responsabilidad individual y en la tolerancia. Sostienen que las personas deben decidir por sí mismas lo que más les conviene, en todas las cuestiones, sin coerción o amenazas por parte del gobierno, porque son dueños y responsables de su destino.

Los libertarios están convencidos que, en ausencia del Estado del bienestar y la caridad estatal, una forma particularmente malvada de agresión del gobierno, los países serán más ricos y las personas serán mucho más generosas, humanas y caritativas con los más desposeídos e infortunados. La historia prueba que en la medida de la intervención estatal crece la indiferencia hacia el prójimo en la sociedad.

Los libertarios se oponen a las restricciones a la libertad en todas sus formas, sea en censura a la prensa, la conscripción militar, las barreras al comercio, los subsidios, las confiscaciones, el proteccionismo, o los monopolios estatales. Rechazan la intervención del gobierno en la economía y en todas las relaciones contractuales y voluntarias entre las personas.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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Leyes que violan las libertades individuales
No cumplen con la función esencial del gobierno, y violan el principio de la no-agresión y el respeto a las libertades individuales, las leyes que obligan o permiten a los gobernantes utilizar la coerción y la fuerza en contra de personas pacíficas, aún cuando de ese modo se pretenda solamente proteger o beneficiar a las mismas.

El uso de la fuerza contra personas pacíficas es siempre arbitrario e inmoral, sin importar el fin perseguido. Por eso los libertarios se oponen a las distintas formas de injerencia del Estado en la sociedad.

Las legislaciones laborales que disponen un salario mínimo obligatorio buscando proteger a los trabajadores, son ejemplos de la perversión de la ley. Un joven sin experiencia que necesita trabajar para ayudar a su familia, aprender y mejorar, está condenado al desempleo si su trabajo produce menos que el salario mínimo. El empleador no puede emplearlo, porque si lo hiciera, el gobierno le multaría o encerraría en la cárcel.

¿Porqué agredir a personas pacíficas, impidiéndoles decidir sobre sus propias vidas, como si no fueran dueños de sí mismos, sino siervos del Estado?

Una agresión similar se verifica en la seguridad social, las políticas monetarias, las políticas de fomento de los distintos sectores productivos, las expropiaciones con fines sociales, los subsidios, el proteccionismo, la condonación de deudas, el salvataje a los bancos en quiebra, el sostenimiento de las empresas públicas y, en general, en todos los actos del gobierno que se apartan de su rol esencial de proteger los derechos a la vida, la propiedad y la libertad de las personas.

Los estatistas de izquierda y derecha justifican estas agresiones iniciadas por el gobierno contra personas pacíficas y honestas, porque suponen que esas personas son deficientes o incapaces, que no saben lo que más les conviene y que sin la amenaza del uso de la fuerza, se dejarían explotar por los empresarios oportunistas.

Los políticos estatistas rechazan el derecho de las personas a elegir libremente como vivir sus vidas, porque en el fondo desconfían de la libertad individual. Temen que la libertad sin el estricto control y las restricciones del gobierno, termine en una suerte de libertinaje. La izquierda política tiende a rechazar las libertades económicas y la derecha las libertades personales.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
http://www.libertario.org.py/
La función del gobierno limitado
Los libertarios se oponen al uso inicial de la fuerza sea por un individuo, una turba de manifestantes o los agentes del mismo gobierno. Lo que no le está permitido a las personas, no le está permitido al gobierno, que deriva de aquellas sus atribuciones. Las personas, para vivir en sociedad, delegan al gobierno su derecho a defenderse.

El gobierno tiene el monopolio de la fuerza, pero sólo debe utilizarla en forma defensiva, para proteger a las personas de aquellos que inician el uso de la fuerza, y para hacer justicia, es decir, para castigar a los agresores. Y no puede agredir a nadie que no ha perjudicado, estafado o violentado a otra persona.

La función esencial del gobierno en una sociedad libre es defender las libertades individuales, definidas como los derechos a la vida, la libertad y la propiedad. Cumplen esa función las leyes que condenan el robo, el asesinato y el fraude, porque se oponen y castigan el uso inicial de la fuerza en contra de las personas o de sus bienes.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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La ética del hombre común
El principio de la no-agresión del pensamiento libertario es la base de la moral y la ética de la mayoría de las personas comunes que viven de su trabajo con sacrificio, honestidad y respetando los derechos del semejante. Estas personas enseñan a sus hijos a no comenzar peleas o agredir a otros. No engañar, trampear o robar. Todo lo pacífico es bueno. La violencia es mala. La sociedad debe dejar en paz a las personas que no han dañado, engañado o forzado a otros.

La importancia del pensamiento libertario deviene, no de su precepto pacifista, que es parte del sentido común y de las primeras enseñanzas de todas las culturas y religiones. Su importancia fundamental radica en la aplicación estricta y coherente del principio de la no-agresión a todo el campo de la acción humana.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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El principio fundamental de una sociedad libre es la no-agresión:
"Ninguna persona o grupo de personas, ni el gobierno, puede iniciar o comenzar el uso de la fuerza física, o amenazar con el uso de la fuerza, en cualquiera de sus formas, tal como el fraude, en contra de otra persona o grupo de personas".

El principio de la no-agresión es la esencia de la filosofía libertaria y se aplica a toda la acción humana.

Todo lo que sea pacífico es legítimo.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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Los libertarios son por definición aquellos que se oponen al inicio del uso de la fuerza en contra de una persona o de sus bienes. La libertad puede definirse como la ausencia de invasión de la persona o de sus bienes.

Todos los seres humanos nacen libres, son dueños de sí mismos y tienen derecho a decidir su propio destino. Las personas deben elegir libremente cómo vivir sus vidas, respetando el igual derecho de los demás. Este derecho no surge de la sociedad, el Estado o las leyes, sino de la naturaleza racional del ser humano, que para sobrevivir debe pensar, elegir y actuar libremente.

La libre elección, sin embargo, se puede ejercer únicamente en ausencia de invasión, de coerción, de fraude o de la amenaza del uso de la fuerza en contra de la persona o sus pertenencias. Por eso las interacciones humanas deben ser estrictamente voluntarias y pacíficas.

El uso de la fuerza es legítimo sólo en contra de los que han iniciado una agresión. Iniciar el uso de la fuerza contra alguien, siempre es un acto inmoral y errado, aún cuando lo realice el gobierno, porque le obliga a la persona afectada a actuar en contra de su voluntad y su raciocinio, violando la propiedad que tienen las personas sobre sí mismas. En cambio, defenderse contra una agresión es un imperativo moral.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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Los PRINCIPIOS BASICOS que sustenta el Foro Libertario son:
1. Todos los seres humanos nacen libres y son dueños de sí mismos. Por eso tienen el derecho natural a elegir libremente como vivir sus vidas, respetando el igual derecho de los demás. La propiedad de una persona es la extensión de su vida. Las interacciones humanas deben ser, por ende, estrictamente voluntarias y pacíficas.

2. La libertad es la ausencia de invasión a la persona o a sus bienes. El principio libertario de la no-agresión establece que ninguna persona o grupo de personas, ni el gobierno, pueden iniciar el uso de la fuerza física, o amenazar con el uso de la fuerza, en cualquiera de sus formas, tal como el fraude, en contra de otra persona o grupo de personas. La fuerza debe emplearse únicamente en defensa de una agresión real.

3. En la sociedad, cada persona puede ser totalmente libre y vivir en perfecta armonía y cooperación social, si sus derechos de propiedad sobre sí misma y sobre sus bienes, no son violados, usurpados o menoscabados por otras personas o por el gobierno. La civilización no precisa restringir la libertad, sino que debe ensancharla. El precio del progreso es la no-limitación de la libertad.

4. Los pilares de la paz y la prosperidad de los pueblos son la libertad y la propiedad. La pobreza de las naciones no se debe a la falta de recursos naturales, ni dependen de la raza, la religión, la cultura, las costumbres, sino que son consecuencia de las malas políticas de sus gobiernos que restringen las libertades políticas y económicas y no protegen los derechos de propiedad de las personas.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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"Sólo es digno de la libertad aquel que sabe conquistarla cada día" – Goethe

Las personas que aman la libertad y la consideran el valor más importante para la felicidad del ser humano, deben defenderla continuamente frente a sus muchos enemigos que pretenden someterla a los valores de la igualdad o la seguridad.

La gente común que constituye a la gran mayoría de las personas honestas, trabajadoras, pacíficas y respetuosas de los derechos del semejante en el país, a menudo permanece callada e indiferente ante los atropellos a la libertad y propiedad de las personas por parte de los gobernantes, porque desprecia la política como feudo de prebendarios, corruptos y parásitos sociales. No deben olvidar sin embargo la exhortación de Edmund Burke: "Lo único que es necesario para que el mal triunfe es que los hombres de bien no hagan nada".

Dios otorga la libertad sólo a aquellos que la aman, y están siempre dispuestos a preservarla y defenderla" – Daniel Websher

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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