lunes, junio 20, 2005

Libertarianismo: Una filosofía para el siglo XXI de Porfirio Cristaldo Ayala

La novedad más importante de los años 90 fue la vuelta del Libertarianismo. Esta filosofía política dista mucho de ser una reliquia del pasado, pese a que sus raíces se pierden en el tiempo, pues ya aparece en la Biblia en el Primer Libro de Samuel, en Lao-Tzu (600BC) y en la tradición Judeo - Cristiana. Su mejor ejemplo actual es la red Internet, un extenso orden espontáneo de cooperación social, libre de injerencia estatal. De hecho, los principios libertarios de la libertad individual, supremacía de la ley, gobierno limitado y progreso económico están especialmente preparados para el mundo globalizado, dinámico y de acelerados cambios tecnológicos del tercer milenio.

En la actualidad el pensamiento libertario causa furor entre millones de jóvenes hartos de la política, autoridad, impuestos y estatismo. Para el Libertarianismo cada persona es dueña de sí misma, su vida le pertenece, y no debe responder por ella a ninguna autoridad. Estos principios se remontan a la vieja tradición del derecho natural a la vida, la libertad y la propiedad de los liberales clásicos J. Locke, D. Hume, T. Paine, A. Smith, F. Bastiat, T. Jefferson, Tocqueville, B. Constant, J.S. Mill, H. Spencer y otros, para quiénes los gobiernos existen solo para proteger la libertad y los bienes de las personas.

El hombre, por el hecho de ser hombre, es dueño de sí mismo, libre de decidir su propio proyecto de vida. La propiedad de uno mismo, principio fundamental de la libertad, es un derecho inviolable, anterior al estado. Violan ese derecho los que agreden o utilizan la fuerza contra el individuo, sin que este lo haya iniciado, como en casos de asesinato, violación, robo, secuestro, fraude, estafa, etc. También lo violan los gobiernos censurando a la prensa, obligando a la conscripción militar, redistribuyendo la propiedad, y restringiendo la vida personal y económica de las personas.

En su "Libertarianism", David Boaz asegura que la idea de que cada uno tiene derecho a elegir cómo vivir su propia vida respetando el igual derecho de los demás, que todas las relaciones humanas deben ser voluntarias y que nadie debe causar daño a otros, constituye un código de ética en el que cree la mayoría de las personas y de acuerdo al cual tratan de vivir.

El Libertarianismo no es una ideología o un catecismo. No tiene una agenda para el futuro. No pretende saber lo que es bueno para la humanidad. Le caracteriza el pragmatismo, la desconfianza por el poder y el escepticismo hacia los dogmas. Sostiene que la persona debe hacer lo que desea, siempre que no perjudique a los demás. No trata de dirigir la vida de nadie, confía en la habilidad de la gente común de tomar decisiones racionales sobre sus vidas. No ofrece una utopía, un mundo ideal o una sociedad perfecta, pues cree, como Karl Popper, que todo intento de crear el paraíso en la tierra termina siempre en un infierno. Ofrece en cambio un "marco para la utopía", una sociedad libre en la cual se puedan diseñar comunidades de acuerdo a miles de versiones diferentes de utopía, según Robert Nozick.

El mundo ha visto el fracaso del estatismo en todas sus formas. Al colapso del socialismo le sigue ahora aunque de modo más gradual el derrumbe de los estados sociales, intervencionistas, paternalistas e ineficientes. Por la concentración del poder, el estatismo inexorablemente corrompe a los gobernantes, como advertía Lord Acton. Destruye los incentivos y el interés de las personas por ahorrar y mejorar la eficiencia productiva y, al interferir con los precios, salarios y mercados, dificulta el cálculo económico, complicando la correcta asignación de recursos en una economía.

En el pensamiento libertario, el valor más importante es la libertad, no la democracia. Por eso protege la sociedad civil, que es voluntaria, en oposición a la sociedad política, que es coercitiva, y promueve las soluciones de mercado, que son libres, en oposición al intervencionismo, que es obligatorio.

Pero Libertarianismo no es libertinaje, o que cada cual haga lo que le viene en gana. Es libertad bajo el imperio de la ley, es respetar el igual derecho de los demás, es vivir en paz, con gobiernos limitados, y mercados libres y abiertos. Es dejar de ser víctimas de tiranos, iluminados y parásitos.

Entre sus cultores contemporáneos se cuentan a Hayek, Mises, M. Friedman, Ayn Rand, H. Hazlitt, J. Buchanan, De Jouvenel, M. Rothbard, M. Vargas Llosa, D. Bandow, C. Murray y muchos otros. Estos no son de izquierda ni derecha, sino que creen firmemente en la libertad individual y el gobierno limitado. El Libertarianismo es mucho más amplio que cualquier partido político.

El siglo XX ha sido del poder estatal, de los Hitler, Stalin, Castro; del dominio que surge del fusil. Con el Libertarianismo y un poco de suerte, el siglo XXI será el siglo del hombre libre.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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El latente camino de la servidumbre
de Víctor Pavón

Desde la antigüedad los brujos o reyes y, posteriormente los caudillos y las burocracias parasitarias, a lo único que se dedicaron es a matar, robar y empobrecer a sus pueblos.

Afortunadamente las personas se percataron que la libertad individual es el mejor modo de conseguir la felicidad personal y, a la vez, la mejor manera de lograr la vigencia de la ley y alcanzar un mejor nivel de vida: hoy se puede decir que el siglo XXl será el de la libertad.

Esta visión optimista de los libertarios nunca estuvo exenta de duras pruebas como tampoco lo estará en el futuro. Los derechos individuales seguirán en peligro mientras se crea que las leyes pueden ser aprobadas en menoscabo de la vida, la propiedad y la libertad o cuando se privilegia al estado sobre la sociedad civil.

El camino de la servidumbre, tal como denominara Friedrich von Hayek a su best seller, estará latente allí donde los derechos individuales estén en acecho. Fue por esta razón que Hayek denunció con tanta pasión al colectivismo -término que aglutina al comunismo, nazismo, socialismo- porque sabía que acarrearía terror y miseria.

En la actualidad el colectivismo no ha perdido vigencia. Se manifiesta a través de la socialdemocracia o el "progresismo", cuyos actores, como ocurre en el Paraguay, consideran al estado como su fortaleza feudal y a los ciudadanos como sus ciervos de la gleba.

La idea de que la sociedad puede ser dirigida de acuerdo a leyes y reglamentos es, desde luego, un viejo sueño de los constructivistas, de los ingenieros sociales, a los que también criticó Hayek especialmente en "La fatal arrogancia", su último libro.

Pese a que el constructivismo se remonta en el tiempo, fue con la triunfante Revolución Francesa de 1789 que alcanzó su apogeo. Los revolucionarios franceses terminaron siendo tan déspotas como sus antiguos verdugos. Si bien rompieron con la teoría del "derecho divino", se dedicaron a dictaminar la vida de la gente según los intereses del "nuevo estado".

En lugar de que la sociedad se hiciera de acuerdo al principio del orden espontáneo -ensayo y error, diría Karl Popper- la toma de la Bastilla no solo acabó con el "antiguo régimen" sino que también terminó en un baño de sangre. Había que rectificar a la sociedad, decían. Nacía entonces un nuevo modelo de gobierno: la democracia ilimitada.

Desde entonces se creyó que simples pero engorrosas resoluciones dictadas por los Parlamentos son leyes y, que a una mayoría le está permitida definir los límites de la libertad y la propiedad, todo de acuerdo a las "circunstancias históricas" de cada país. No en vano, James Madison alertaba durante los primeros años de la Independencia Norteamericana de 1776 que "da igual un rey que cien parlamentarios legislando para sus propios intereses".

En la actualidad se sigue pregonando por la democracia ilimitada a las mayorías ocasionales y de que es posible sancionar leyes en detrimento de la los derechos individuales.

El constructivismo -esa idea de que es posible dirigir la sociedad de acuerdo a los deseos y caprichos de unos cuantos- es el mayor peligro para la libertad o lo que es lo mismo, el latente camino de la servidumbre.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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Los libertarios y la tolerancia
de Porfirio Cristaldo Ayala

Los socialistas a menudo acusan a los libertarios de un supuesto fanatismo, materialismo o dogmatismo, con el fin de estigmatizarlos. Pero se equivocan. Los libertarios no son fanáticos. Y no podrían serlo, pues, a diferencia de los socialistas y progresistas, no tienen la soberbia de concebir un plan para salvar a la humanidad o para crear "el hombre nuevo". No creen saber lo que es mejor para todos. Tienen sí la firme convicción de que las personas son dueñas de sí mismas y que deben elegir cómo vivir sus vidas, siempre que no causen daño a otras personas.

Los libertarios son esencialmente tolerantes. La defensa de la libertad exige, desde luego, respetar las ideas opuestas y las diferencias entre las personas, y considerarlas iguales en dignidad y en derechos. El ignorante tiene igual derecho que el sabio a decidir cómo vivir su propia vida. Los progresistas, en cambio, defienden la supremacía de las elites y clases gobernantes.

El hombre en la idea libertaria es un fin en sí mismo. No es un medio para fines ajenos. Los derechos no se disfrutan a costa de otros. Así, nuestra libertad de expresión no obliga a nadie a cedernos un espacio en la prensa. El derecho a la tierra no significa que podamos exigir al gobierno una parcela de tierra, sino que nadie puede impedirnos adquirir y trabajar nuestra tierra. Los derechos positivos o gratuitos a la vivienda, salud, educación, trabajo, etc., son mentiras del estatismo. Para otorgar a unas personas esos derechos, el Estado debe despojar a otras personas del fruto de su trabajo, porque nada es gratis. Y nadie tiene derecho sobre un bien que le pertenece a otro.

El derecho fundamental del hombre es el derecho a decidir qué hacer con su propia vida, respetando el igual derecho de los demás. Este derecho es inseparable del deber de ser responsable de sus actos. Libertad y responsabilidad son las dos caras de una misma moneda. La responsabilidad debe guiarse en la ética y la moral, de lo contrario la libertad se destruye en libertinaje. La moral del libertarianismo se sustenta en la ausencia de agresión, en nunca hacer daño al semejante. Nadie tiene derecho a iniciar el uso de la fuerza contra otra persona. El pacifismo es la base de su filosofía. El uso de la fuerza se justifica únicamente para defenderse de la agresión. La libertad desde luego significa ausencia de coerción.

¿Cómo podrían ser fanáticos los que propugnan la no-violencia?

Por el mismo principio moral de la no-agresión, el Estado tampoco puede usar la fuerza en contra de una persona que no ha agredido a otros o cometido un fraude. Lo que no pueden hacer las personas, no pueden hacer los gobiernos, porque son las personas las que le delegan su poder. El monopolio de la fuerza por los gobiernos tiene como único propósito proteger a las personas y sus bienes de los criminales.

Los progresistas critican la rigurosidad de los libertarios porque confunden coherencia de principios con dogmatismo. El libertario considera que el hombre debe actuar racionalmente porque no tiene otra arma que la razón para sobrevivir y progresar. Y la racionalidad se opone al pragmatismo o relativismo en política y a las ideas contradictorias, como la "justicia social". La justicia es una sola. Es dar a cada uno lo suyo. En cambio, la justicia social o igualdad de bienes se puede lograr sólo despojando a unos para repartirlo a otros. Esto desvirtúa el concepto de justicia y lo convierte en injusticia. Y en la práctica resulta que se saca a los pobres para dar a los ricos.

A los gobiernos se les debe asignar únicamente las funciones que requieran del uso de la fuerza, porque nada hacen sin la coerción. Hasta el dinero que financia sus actividades (impuestos) lo consiguen por la fuerza. Algunos no entienden que propugnar una ley para solucionar un problema, incluso para proteger a la niñez o apoyar al arte, implica recurrir a la fuerza. La política sólo actúa en el ámbito de la fuerza.

En una sociedad libre las personas pueden vivir y trabajar como gustan siempre que no agredan a nadie. Violar la libertad de una persona y despojarle de su propiedad es la misma cosa, pues el hombre es libre únicamente cuando es dueño de su vida y puede disponer del fruto de su trabajo. Y ello es posible tan sólo en una economía libre, basada en la cooperación voluntaria y pacífica entre las personas.

El liberalismo no es contrario a la solidaridad, porque sólo el hombre libre puede ser íntegro, solidario y caritativo. Es opuesto sí al fanatismo y dogmatismo. No en balde es considerado "el grito más noble que se ha escuchado en el planeta".

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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Libros sobre el pensamiento libertario
Para un estudio más completo del pensamiento libertario le recomendamos las siguientes obras:

"Libertarianism: A Primer" de David Boaz;
"Libertarianism in One Lesson" de David Bergland;
"What It Means to Be a Libertarian" de Charles Murray;
"Capitalism and Freedom" de Milton Friedman;
"Anarchy, State and Utopia" de Robert Nozick;
"On Liberty" de J. S. Mill;
"The Road to Serfdom" y "The Constitution of Liberty" de Friedrich Hayek; "Human Action" y "Socialism" de Ludwig von Mises;
"Atlas Shrugged" de Ayn Rand;
"Man, Economy and State" y "For a New Liberty" de Murray N. Rothbard;
"The Law" de F. Bastiat;
"The Machinery of Freedom" de David Friedman.
Vea estos libros y muchos más en Laissez Faire Books en: http://laissezfaire.org/

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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La armonía natural de intereses
Los libertarios sostienen que el orden espontáneo de los mercados se desarrolla en el marco de una armonía natural de intereses, que beneficia a todas las personas trabajadoras y honestas de la sociedad. Esta armonía de intereses significa que la economía de libre mercado opera, no como un juego de suma cero, en el que una parte gana lo que la otra parte pierde, sino como un juego de suma positiva , en el que siempre se benefician ambas partes. Esto es así en todo intercambio voluntario, pues de lo contrario, no habría intercambio.

El teorema de la mano invisible del libertario Adam Smith (1776), padre de la economía moderna, explica cómo las personas que actúan en el mercado buscando su propio interés, terminan favoreciendo el interés general de la comunidad, de un modo mucho más eficaz que si se propusieran hacerlo, sin necesidad alguna del control o la regulación estatal.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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El orden espontáneo
El intervencionismo estatal surge de un error común del estatismo que considera que el complejo orden existente en una sociedad moderna, resulta del funcionamiento adecuado de una autoridad de regulación, control y planificación central, sustentada en el gobierno. Nada más lejos de la realidad.

Los economistas libertarios han descubierto las economías se basan sobre un orden espontáneo que surge de modo natural e inexorable en los mercados libres, como resultado de la acción de millones personas que intercambian y cooperan voluntaria y pacíficamente unas con otras, coordinando sus acciones e intereses sobre la base de los precios, como un complejo y sofisticado mecanismo de información social.

Otros ejemplos de orden espontáneo que surgen en las sociedades sin la intervención del gobierno o de una autoridad central, son el lenguaje, la ley, el dinero, la familia, los mercados y las múltiples organizaciones de la sociedad civil.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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Las libertades económicas
En el campo económico los libertarios propugnan la expansión de las libertades económicas, y el respeto irrestricto a los derechos de propiedad. La economía de mercado es el sistema económico de una sociedad libre.

La libertad de producir, trabajar, comprar, vender, contratar, transportar y competir, cuando son respetadas, promueven el rápido crecimiento y el desarrollo de los pueblos, con el consecuente fortalecimiento del estado de derecho y la democracia.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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La confianza en la libertad y en las personas
Los libertarios, en cambio, confían en las personas, en la libertad, en la responsabilidad individual y en la tolerancia. Sostienen que las personas deben decidir por sí mismas lo que más les conviene, en todas las cuestiones, sin coerción o amenazas por parte del gobierno, porque son dueños y responsables de su destino.

Los libertarios están convencidos que, en ausencia del Estado del bienestar y la caridad estatal, una forma particularmente malvada de agresión del gobierno, los países serán más ricos y las personas serán mucho más generosas, humanas y caritativas con los más desposeídos e infortunados. La historia prueba que en la medida de la intervención estatal crece la indiferencia hacia el prójimo en la sociedad.

Los libertarios se oponen a las restricciones a la libertad en todas sus formas, sea en censura a la prensa, la conscripción militar, las barreras al comercio, los subsidios, las confiscaciones, el proteccionismo, o los monopolios estatales. Rechazan la intervención del gobierno en la economía y en todas las relaciones contractuales y voluntarias entre las personas.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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Leyes que violan las libertades individuales
No cumplen con la función esencial del gobierno, y violan el principio de la no-agresión y el respeto a las libertades individuales, las leyes que obligan o permiten a los gobernantes utilizar la coerción y la fuerza en contra de personas pacíficas, aún cuando de ese modo se pretenda solamente proteger o beneficiar a las mismas.

El uso de la fuerza contra personas pacíficas es siempre arbitrario e inmoral, sin importar el fin perseguido. Por eso los libertarios se oponen a las distintas formas de injerencia del Estado en la sociedad.

Las legislaciones laborales que disponen un salario mínimo obligatorio buscando proteger a los trabajadores, son ejemplos de la perversión de la ley. Un joven sin experiencia que necesita trabajar para ayudar a su familia, aprender y mejorar, está condenado al desempleo si su trabajo produce menos que el salario mínimo. El empleador no puede emplearlo, porque si lo hiciera, el gobierno le multaría o encerraría en la cárcel.

¿Porqué agredir a personas pacíficas, impidiéndoles decidir sobre sus propias vidas, como si no fueran dueños de sí mismos, sino siervos del Estado?

Una agresión similar se verifica en la seguridad social, las políticas monetarias, las políticas de fomento de los distintos sectores productivos, las expropiaciones con fines sociales, los subsidios, el proteccionismo, la condonación de deudas, el salvataje a los bancos en quiebra, el sostenimiento de las empresas públicas y, en general, en todos los actos del gobierno que se apartan de su rol esencial de proteger los derechos a la vida, la propiedad y la libertad de las personas.

Los estatistas de izquierda y derecha justifican estas agresiones iniciadas por el gobierno contra personas pacíficas y honestas, porque suponen que esas personas son deficientes o incapaces, que no saben lo que más les conviene y que sin la amenaza del uso de la fuerza, se dejarían explotar por los empresarios oportunistas.

Los políticos estatistas rechazan el derecho de las personas a elegir libremente como vivir sus vidas, porque en el fondo desconfían de la libertad individual. Temen que la libertad sin el estricto control y las restricciones del gobierno, termine en una suerte de libertinaje. La izquierda política tiende a rechazar las libertades económicas y la derecha las libertades personales.

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La función del gobierno limitado
Los libertarios se oponen al uso inicial de la fuerza sea por un individuo, una turba de manifestantes o los agentes del mismo gobierno. Lo que no le está permitido a las personas, no le está permitido al gobierno, que deriva de aquellas sus atribuciones. Las personas, para vivir en sociedad, delegan al gobierno su derecho a defenderse.

El gobierno tiene el monopolio de la fuerza, pero sólo debe utilizarla en forma defensiva, para proteger a las personas de aquellos que inician el uso de la fuerza, y para hacer justicia, es decir, para castigar a los agresores. Y no puede agredir a nadie que no ha perjudicado, estafado o violentado a otra persona.

La función esencial del gobierno en una sociedad libre es defender las libertades individuales, definidas como los derechos a la vida, la libertad y la propiedad. Cumplen esa función las leyes que condenan el robo, el asesinato y el fraude, porque se oponen y castigan el uso inicial de la fuerza en contra de las personas o de sus bienes.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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La ética del hombre común
El principio de la no-agresión del pensamiento libertario es la base de la moral y la ética de la mayoría de las personas comunes que viven de su trabajo con sacrificio, honestidad y respetando los derechos del semejante. Estas personas enseñan a sus hijos a no comenzar peleas o agredir a otros. No engañar, trampear o robar. Todo lo pacífico es bueno. La violencia es mala. La sociedad debe dejar en paz a las personas que no han dañado, engañado o forzado a otros.

La importancia del pensamiento libertario deviene, no de su precepto pacifista, que es parte del sentido común y de las primeras enseñanzas de todas las culturas y religiones. Su importancia fundamental radica en la aplicación estricta y coherente del principio de la no-agresión a todo el campo de la acción humana.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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El principio fundamental de una sociedad libre es la no-agresión:
"Ninguna persona o grupo de personas, ni el gobierno, puede iniciar o comenzar el uso de la fuerza física, o amenazar con el uso de la fuerza, en cualquiera de sus formas, tal como el fraude, en contra de otra persona o grupo de personas".

El principio de la no-agresión es la esencia de la filosofía libertaria y se aplica a toda la acción humana.

Todo lo que sea pacífico es legítimo.

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Los libertarios son por definición aquellos que se oponen al inicio del uso de la fuerza en contra de una persona o de sus bienes. La libertad puede definirse como la ausencia de invasión de la persona o de sus bienes.

Todos los seres humanos nacen libres, son dueños de sí mismos y tienen derecho a decidir su propio destino. Las personas deben elegir libremente cómo vivir sus vidas, respetando el igual derecho de los demás. Este derecho no surge de la sociedad, el Estado o las leyes, sino de la naturaleza racional del ser humano, que para sobrevivir debe pensar, elegir y actuar libremente.

La libre elección, sin embargo, se puede ejercer únicamente en ausencia de invasión, de coerción, de fraude o de la amenaza del uso de la fuerza en contra de la persona o sus pertenencias. Por eso las interacciones humanas deben ser estrictamente voluntarias y pacíficas.

El uso de la fuerza es legítimo sólo en contra de los que han iniciado una agresión. Iniciar el uso de la fuerza contra alguien, siempre es un acto inmoral y errado, aún cuando lo realice el gobierno, porque le obliga a la persona afectada a actuar en contra de su voluntad y su raciocinio, violando la propiedad que tienen las personas sobre sí mismas. En cambio, defenderse contra una agresión es un imperativo moral.

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Los PRINCIPIOS BASICOS que sustenta el Foro Libertario son:
1. Todos los seres humanos nacen libres y son dueños de sí mismos. Por eso tienen el derecho natural a elegir libremente como vivir sus vidas, respetando el igual derecho de los demás. La propiedad de una persona es la extensión de su vida. Las interacciones humanas deben ser, por ende, estrictamente voluntarias y pacíficas.

2. La libertad es la ausencia de invasión a la persona o a sus bienes. El principio libertario de la no-agresión establece que ninguna persona o grupo de personas, ni el gobierno, pueden iniciar el uso de la fuerza física, o amenazar con el uso de la fuerza, en cualquiera de sus formas, tal como el fraude, en contra de otra persona o grupo de personas. La fuerza debe emplearse únicamente en defensa de una agresión real.

3. En la sociedad, cada persona puede ser totalmente libre y vivir en perfecta armonía y cooperación social, si sus derechos de propiedad sobre sí misma y sobre sus bienes, no son violados, usurpados o menoscabados por otras personas o por el gobierno. La civilización no precisa restringir la libertad, sino que debe ensancharla. El precio del progreso es la no-limitación de la libertad.

4. Los pilares de la paz y la prosperidad de los pueblos son la libertad y la propiedad. La pobreza de las naciones no se debe a la falta de recursos naturales, ni dependen de la raza, la religión, la cultura, las costumbres, sino que son consecuencia de las malas políticas de sus gobiernos que restringen las libertades políticas y económicas y no protegen los derechos de propiedad de las personas.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
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"Sólo es digno de la libertad aquel que sabe conquistarla cada día" – Goethe

Las personas que aman la libertad y la consideran el valor más importante para la felicidad del ser humano, deben defenderla continuamente frente a sus muchos enemigos que pretenden someterla a los valores de la igualdad o la seguridad.

La gente común que constituye a la gran mayoría de las personas honestas, trabajadoras, pacíficas y respetuosas de los derechos del semejante en el país, a menudo permanece callada e indiferente ante los atropellos a la libertad y propiedad de las personas por parte de los gobernantes, porque desprecia la política como feudo de prebendarios, corruptos y parásitos sociales. No deben olvidar sin embargo la exhortación de Edmund Burke: "Lo único que es necesario para que el mal triunfe es que los hombres de bien no hagan nada".

Dios otorga la libertad sólo a aquellos que la aman, y están siempre dispuestos a preservarla y defenderla" – Daniel Websher

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