lunes, junio 20, 2005

El latente camino de la servidumbre
de Víctor Pavón

Desde la antigüedad los brujos o reyes y, posteriormente los caudillos y las burocracias parasitarias, a lo único que se dedicaron es a matar, robar y empobrecer a sus pueblos.

Afortunadamente las personas se percataron que la libertad individual es el mejor modo de conseguir la felicidad personal y, a la vez, la mejor manera de lograr la vigencia de la ley y alcanzar un mejor nivel de vida: hoy se puede decir que el siglo XXl será el de la libertad.

Esta visión optimista de los libertarios nunca estuvo exenta de duras pruebas como tampoco lo estará en el futuro. Los derechos individuales seguirán en peligro mientras se crea que las leyes pueden ser aprobadas en menoscabo de la vida, la propiedad y la libertad o cuando se privilegia al estado sobre la sociedad civil.

El camino de la servidumbre, tal como denominara Friedrich von Hayek a su best seller, estará latente allí donde los derechos individuales estén en acecho. Fue por esta razón que Hayek denunció con tanta pasión al colectivismo -término que aglutina al comunismo, nazismo, socialismo- porque sabía que acarrearía terror y miseria.

En la actualidad el colectivismo no ha perdido vigencia. Se manifiesta a través de la socialdemocracia o el "progresismo", cuyos actores, como ocurre en el Paraguay, consideran al estado como su fortaleza feudal y a los ciudadanos como sus ciervos de la gleba.

La idea de que la sociedad puede ser dirigida de acuerdo a leyes y reglamentos es, desde luego, un viejo sueño de los constructivistas, de los ingenieros sociales, a los que también criticó Hayek especialmente en "La fatal arrogancia", su último libro.

Pese a que el constructivismo se remonta en el tiempo, fue con la triunfante Revolución Francesa de 1789 que alcanzó su apogeo. Los revolucionarios franceses terminaron siendo tan déspotas como sus antiguos verdugos. Si bien rompieron con la teoría del "derecho divino", se dedicaron a dictaminar la vida de la gente según los intereses del "nuevo estado".

En lugar de que la sociedad se hiciera de acuerdo al principio del orden espontáneo -ensayo y error, diría Karl Popper- la toma de la Bastilla no solo acabó con el "antiguo régimen" sino que también terminó en un baño de sangre. Había que rectificar a la sociedad, decían. Nacía entonces un nuevo modelo de gobierno: la democracia ilimitada.

Desde entonces se creyó que simples pero engorrosas resoluciones dictadas por los Parlamentos son leyes y, que a una mayoría le está permitida definir los límites de la libertad y la propiedad, todo de acuerdo a las "circunstancias históricas" de cada país. No en vano, James Madison alertaba durante los primeros años de la Independencia Norteamericana de 1776 que "da igual un rey que cien parlamentarios legislando para sus propios intereses".

En la actualidad se sigue pregonando por la democracia ilimitada a las mayorías ocasionales y de que es posible sancionar leyes en detrimento de la los derechos individuales.

El constructivismo -esa idea de que es posible dirigir la sociedad de acuerdo a los deseos y caprichos de unos cuantos- es el mayor peligro para la libertad o lo que es lo mismo, el latente camino de la servidumbre.

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
http://www.libertario.org.py/

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