lunes, junio 20, 2005

Los libertarios y la tolerancia
de Porfirio Cristaldo Ayala

Los socialistas a menudo acusan a los libertarios de un supuesto fanatismo, materialismo o dogmatismo, con el fin de estigmatizarlos. Pero se equivocan. Los libertarios no son fanáticos. Y no podrían serlo, pues, a diferencia de los socialistas y progresistas, no tienen la soberbia de concebir un plan para salvar a la humanidad o para crear "el hombre nuevo". No creen saber lo que es mejor para todos. Tienen sí la firme convicción de que las personas son dueñas de sí mismas y que deben elegir cómo vivir sus vidas, siempre que no causen daño a otras personas.

Los libertarios son esencialmente tolerantes. La defensa de la libertad exige, desde luego, respetar las ideas opuestas y las diferencias entre las personas, y considerarlas iguales en dignidad y en derechos. El ignorante tiene igual derecho que el sabio a decidir cómo vivir su propia vida. Los progresistas, en cambio, defienden la supremacía de las elites y clases gobernantes.

El hombre en la idea libertaria es un fin en sí mismo. No es un medio para fines ajenos. Los derechos no se disfrutan a costa de otros. Así, nuestra libertad de expresión no obliga a nadie a cedernos un espacio en la prensa. El derecho a la tierra no significa que podamos exigir al gobierno una parcela de tierra, sino que nadie puede impedirnos adquirir y trabajar nuestra tierra. Los derechos positivos o gratuitos a la vivienda, salud, educación, trabajo, etc., son mentiras del estatismo. Para otorgar a unas personas esos derechos, el Estado debe despojar a otras personas del fruto de su trabajo, porque nada es gratis. Y nadie tiene derecho sobre un bien que le pertenece a otro.

El derecho fundamental del hombre es el derecho a decidir qué hacer con su propia vida, respetando el igual derecho de los demás. Este derecho es inseparable del deber de ser responsable de sus actos. Libertad y responsabilidad son las dos caras de una misma moneda. La responsabilidad debe guiarse en la ética y la moral, de lo contrario la libertad se destruye en libertinaje. La moral del libertarianismo se sustenta en la ausencia de agresión, en nunca hacer daño al semejante. Nadie tiene derecho a iniciar el uso de la fuerza contra otra persona. El pacifismo es la base de su filosofía. El uso de la fuerza se justifica únicamente para defenderse de la agresión. La libertad desde luego significa ausencia de coerción.

¿Cómo podrían ser fanáticos los que propugnan la no-violencia?

Por el mismo principio moral de la no-agresión, el Estado tampoco puede usar la fuerza en contra de una persona que no ha agredido a otros o cometido un fraude. Lo que no pueden hacer las personas, no pueden hacer los gobiernos, porque son las personas las que le delegan su poder. El monopolio de la fuerza por los gobiernos tiene como único propósito proteger a las personas y sus bienes de los criminales.

Los progresistas critican la rigurosidad de los libertarios porque confunden coherencia de principios con dogmatismo. El libertario considera que el hombre debe actuar racionalmente porque no tiene otra arma que la razón para sobrevivir y progresar. Y la racionalidad se opone al pragmatismo o relativismo en política y a las ideas contradictorias, como la "justicia social". La justicia es una sola. Es dar a cada uno lo suyo. En cambio, la justicia social o igualdad de bienes se puede lograr sólo despojando a unos para repartirlo a otros. Esto desvirtúa el concepto de justicia y lo convierte en injusticia. Y en la práctica resulta que se saca a los pobres para dar a los ricos.

A los gobiernos se les debe asignar únicamente las funciones que requieran del uso de la fuerza, porque nada hacen sin la coerción. Hasta el dinero que financia sus actividades (impuestos) lo consiguen por la fuerza. Algunos no entienden que propugnar una ley para solucionar un problema, incluso para proteger a la niñez o apoyar al arte, implica recurrir a la fuerza. La política sólo actúa en el ámbito de la fuerza.

En una sociedad libre las personas pueden vivir y trabajar como gustan siempre que no agredan a nadie. Violar la libertad de una persona y despojarle de su propiedad es la misma cosa, pues el hombre es libre únicamente cuando es dueño de su vida y puede disponer del fruto de su trabajo. Y ello es posible tan sólo en una economía libre, basada en la cooperación voluntaria y pacífica entre las personas.

El liberalismo no es contrario a la solidaridad, porque sólo el hombre libre puede ser íntegro, solidario y caritativo. Es opuesto sí al fanatismo y dogmatismo. No en balde es considerado "el grito más noble que se ha escuchado en el planeta".

Tomado del Foro Libertario, Asunción, Paraguay
http://www.libertario.org.py/

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